Si bien recorrió distancias que han sido largas, había recogido de los caminos surcados la suficiente experiencia y sabiduría que le permitiría estar a la altura de las circunstancias que hoy se le presentaban. Había aprendido, sufrido por tonterías y mucho más; pero también había dejado de culparse por errores viejos; que no los olvidaría, claro esta, para evitar repetirlos. Había aprendido las mejores de las enseñanzas y se resumía en una frase: “no necesitaba demostrarle nada a nadie”, y para ella era suficiente.
Ya en el campo de batalla, no cometerá la blasfemia de subestimar a su oponente y el momento en donde se medirán, será cuando estén frente a frente. Incluso no descreerá del poder del adversario aunque le haya demostrado estar poco preparado para ciertas contiendas. Una vez que lo tenga a una distancia inferior a un metro se dedicará, apenás, a contemplarlo exhibiendo la esplendorosa fuerza de su mirada y demostrarle que, de quererlo, podría vencerlo sin necesidad de que la lucha pase al plano físico.
Por sobre todas las cosas, ya no importaban los argumentos agresivos del adversario. Incluso podrían ser varios con quienes tuviera que estar tarde o temprano frente a frente; pero sin dudas una luchadora al igual que un guerrero medieval, conoce su inmensa fuerza y jamás lucha con quien no merece la honra del combate.
Compra Raid y rocía con total desmedida al mosquito que zumbó toda la noche amenazando con picarla y habiendo descubierto donde “vive” el canario que canta a las 04:00 hs. de la madrugada se compra una gomera.
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